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Ensayo: Comparativa entre John J. Mearsheimer y Robert O. Keohane. (Realismo vs. institucionalismo)

  • 18 oct 2014
  • 5 Min. de lectura

Realizado por Elena Fatou y Miyabi Sato:


Tanto en el artículo de John J. Mearsheimer, “The False Promise of International Institutions”[1], como en el de Robert O. Keohane y Lisa L. Martin, “The Promise of Institutionalist Theory”[2], se realiza un análisis sobre la importancia que tienen las instituciones en las Relaciones Internacionales desde dos prismas distintos: el realismo y el institucionalismo liberal. En líneas generales, se suele definir el término institución como “un organismo de control social que ha sido creado con el propósito de armonizar las relaciones humanas a través de vínculos colectivos que se desarrollan en circunstancias diversas”.[3] A partir de esta definición, los autores proceden a amoldarla de acuerdo con su visión de las Relaciones Internacionales.


Por un lado, Mearsheimer define la teoría realista y las razones por las que debería predominar en las Relaciones Internacionales. Asimismo, señala las deficiencias del institucionalismo en sus tres vertientes (liberalismo institucional, seguridad colectiva y teoría crítica) desde una perspectiva realista. Por otro lado, Keohane y Martin refutan las críticas que Mearsheimer hace al institucionalismo y enumeran los errores de su teoría realista, queriendo mostrar así la validez del liberalismo institucional.


En primer lugar, se procederá al examen del realismo. La definición que aporta Mearsheimer sobre las instituciones es la de “un conjunto de normas que estipulan las formas en que los Estados deberían cooperar y competir los unos con los otros”[4]. Según la teoría realista, las instituciones no establecen las pautas de estabilidad internacional. Al ser las instituciones reflejo de la distribución de poder en el sistema internacional, ciertamente no repercuten en el comportamiento de los estados. Por tanto, las instituciones no son una causa relevante de paz genuina, entendida como un estado de tranquilidad. De esta afirmación podemos extraer 3 ideas principales:

  • Al ser el sistema internacional anárquico, los estados temen por sí mismos, pues no saben con total certeza las intenciones que tienen los otros Estados, que cambian frecuentemente. Como no existe una autoridad central a la que pedir ayuda, su seguridad no puede depender de terceros estados.


  • Los Estados desean mantener su soberanía y supervivencia, y para ello tienen capacidad ofensiva y defensiva. Esto hace que los Estados se consideren entre ellos enemigos potenciales, de forma que las alianzas que hagan entre ellos serán temporales, porque lo que prima es el interés nacional.


  • Los estados más poderosos perfilan las instituciones para mantener o acrecentar su poder.


No obstante, Keohane y Martin rechazan el realismo. Según ellos, Mearsheimer es incapaz de poner en práctica las generalizaciones que apoyan su teoría, e incurre en contradicciones lógicas. Por ejemplo, no tendría sentido que se destinasen fondos para las organizaciones internacionales, unas estructuras que de acuerdo con Mearsheimer carecen de finalidad: si eso fuera así, los estados pertenecientes a la OTAN dejarían de financiarla, cosa que no ocurre en la realidad. Adicionalmente, Keohane y Martin niegan el planteamiento del mundo realista desarrollado por Mearsheimer, donde “cada Estado desearía ser la mayor potencia militar”: con esto, lo que el autor pretende mostrar es que los Estados con suficientes capacidades querrían conseguirlo. Pero esta posición no concordaría con la política de estados como Suiza[5], que aun teniendo las capacidades necesarias, siempre ha permanecido neutral.


A continuación, se procederá a la exposición del institucionalismo, teoría que será ampliamente criticada por Mearsheimer. En la teoría institucionalista, las instituciones sí marcan los prospectos de estabilidad internacional. Pueden alterar las preferencias de los estados, y por tanto, su comportamiento. Con lo cual, contribuyen a evitar que los estados entren en guerra. Hay tres vertientes de esta teoría: la seguridad colectiva, según la cual los estados se tienen que proteger de agresores para evitar la guerra rechazando el uso de la fuerza y confiando los unos en los otros; la teoría crítica, que busca crear un mundo de paz genuina y cooperación estatal; y el liberalismo institucional, defendido por Keohane y Martin. Esta última teoría establece que la cooperación económica medioambiental reduce el riesgo de guerra. El engaño es el principal obstáculo a la cooperación internacional y la solución a esto son las instituciones.


No obstante, tras describir los distintos tipos de institucionalismo, Mearsheimer concluye que las teorías institucionalistas carecen de evidencia histórica con la que ser sustentadas. Los estados tienen bastantes razones por las que no confiar en un sistema de seguridad colectiva, con lo que preferirán optar por la lógica realista de la auto-ayuda; el liberalismo institucional no aporta una base sólida para promover la estabilidad en el mundo tras la Guerra Fría, y además ignora y no consigue solucionar el problema de las ganancias relativas; y aunque la teoría crítica desea sustituir el realismo con un discurso que subraye la armonía y la paz, no tiene la certeza de que éste sea más benigno. Así, podemos presuponer el por qué del título de su artículo. Alega que las instituciones tienen “una influencia escasa en el comportamiento de los Estados y de ahí las pocas esperanzas que se puedan depositar en ellas a la hora de intentar alcanzar la paz entre Estados’’[6].


Keohane y Martin, sin embargo, sí creen que la lógica institucionalista es sólida. Los institucionalistas liberales no dicen que las instituciones trabajen al margen del poder. Confiar demasiado en las instituciones sería, efectivamente, una “falsa promesa”. Pero en la política mundial, si los estados cooperan a través de las instituciones, será más fácil alcanzar una situación pacífica. No obstante, admiten que es preciso que existan mayores evidencias empíricas para determinar bajo qué condiciones las instituciones son necesarias.


En el contexto de la globalización, coincidimos en parte con Keohane y Martin ya que las instituciones aportan una confianza recíproca entre estados. Es decir, mirando a través de los ojos del siglo XXI, defendemos que es esencial establecer unas pautas de cooperación para mantener la paz, y esto se consigue con las instituciones internacionales. De lo contrario, incurriríamos en una nueva y temida carrera de armamentos. Si no le damos la relevancia necesaria a las instituciones, estaríamos permitiendo el resurgimiento de una nueva Sociedad de Naciones.








[1] MEARSHEIMER, John J. ``The False Promise of International Institutions´´. International Security. Winter, 1994-1995, vol 19, no. 3, pp.154-173


[2] KEOHANE, Robert O; MARTIN, Lisa L. ``The Promise of Institutionalist Theory´´. International Security. Summer, 1995, vol. 20, no. 1, pp. 39-51


[3] Anonymous author (n.d.) Definición de institución. [www.definicionabc.com] de: http://www.definicionabc.com/social/institucion.php



[4] MEARSHEIMER, John J. ``The False Promise of International Institutions´´. International Security. Winter, 1994-1995, vol 19, no. 3, p. 161



[5] KEOHANE, Robert O; MARTIN, Lisa L. ``The Promise of Institutionalist Theory´´. International Security. Summer, 1995, vol. 20, no. 1, pp. 41.


[6] MEARSHEIMER, John J. ``The False Promise of International Institutions´´. International Security. Winter, 1994-1995, vol 19, no. 3, pp.156

 
 
 

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